De donde parte una misión de vida?
Ana estaba confundida, había salido muy temprano de su casa sin rumbo, sin dirección, una calurosa mañana de Monterrey. Sabía que lo que hacía hasta ese momento era bueno pero su corazón le dictaba algo diferente -le dolía el sólo pensar en ello- su mente vagaba, su corazón la guiaba. No se imaginaba que ese día le cambiaría la vida para siempre. En esos momentos parecía tan vacía, tan nada, que sin darse cuenta había llegado a los tiraderos de basura de la ciudad. Mientras caminaba como sonámbula entre aquella inmensidad, escuchó un quejido que le llamó la atención. Mirando entre el escombro, pestilencia y perros callejeros, se encontró a una pequeña ancianita casi desnuda tirada entre la basura gravemente enferma y en condiciones deplorables.
¿Cómo era posible? ¿Quién la habría dejado ahí y tan grave? Se preguntaba. “Es un ser humano, ¡un ser humano!” se repetía a sí misma mientras buscaba auxilio a su alrededor. Como la anciana era pequeña, la cargó y salió hacia la calle para pedir ayuda. No tardó en encontrar un taxi al cual le pidió que las llevara urgentemente al hospital, pero éste, al ver las condiciones y el mal olor que emanaba de la anciana, no aceptó y las dejó solas en la calle. Momentos más tarde, pasó un hombre en una camioneta que accedió llevarlas siempre y cuando fuera en la parte trasera para no ensuciar. Al llegar al hospital para pobres de la universidad, no quisieron atenderla pues la anciana no tenía identificación y presentaba signos de estar en sus últimos momentos -enferma terminal-, lo cual requeriría mucha documentación.
Ana, al ver la indiferencia y negligencia del hospital, decidió no esperar más y llevarla con una doctora amiga suya para que le ayudara. Mientras trasladaba a la ancianita de nuevo en la parte trasera de la camioneta -ya en la tarde-, nuestro Señor se la quitó de sus manos dándole santa paz, mientras era acogida por esa mujer que tuvo el valor de hacer algo -y que tal vez-, era como un ángel que le pudo dar algo de amor y dignidad mientras estaba en los últimos momentos de su vida.
Ese día, Ana Jaramillo no durmió. La seguía en su mente la mirada y el dolor de esa pobre anciana; el basurero, los trámites al final de la tarde en el anfiteatro de la ciudad, los perros callejeros ladrando, su ropa que había terminado tan sucia, el taxista, el mal olor y el tener en los últimos instantes de vida a un ser humano en sus manos. Sabía que tenía que hacer algo -su corazón se lo dictaba- y así fue. Días después, regresó al basurero y muy a su pesar, se encontró cerca de ahí a un niño y a un anciano abandonados en fase terminal. Ahí, en esos momentos comprendió su misión. Decidió dedicar el resto de su vida a darle dignidad, aunque fuera en los últimos momentos, a todo aquel enfermo que por sus bajos recursos y tal vez falta de familia o comprensión eran abandonados entre la basura.
Hoy, años después de aquel suceso, la Casa Simón de Betania que ella fundó, cuenta con dos modestos edificios muy cerca de los basureros, (uno para niños y otro para adultos) en donde, la ahora Hermana Ana Jaramillo junto con su nueva comunidad de religiosas Siervas del Señor de la Misericordia, atienden a cientos de enfermos terminales de tuberculosis, cáncer y sida sin distinción de religión, sexo o edad. La muerte la ven casi todos los días y es increíble mirar con qué amor atienden a tantas personas, muy a pesar de saber que pronto morirán.
Una vez que se ha conocido la gratitud de un semejante,
la vida se transforma para siempre.
¿Quienes son?
Durante los últimos años, he conocido a miles de personas por todo el país y entre los cuales me he encontrado con seres comunes y a la vez extraordinarios que son los que escriben la historia de nuestro tiempo. Un pequeño número de personas que han establecido grandes niveles de compromiso y han hecho la diferencia para cientos y miles de personas. Estos individuos han hecho extraordinariamente bien unas pocas cosas. Primero, a) decidieron que algo tenían que cambiar, b) que ellos mismos tenían que ser quienes lo cambiaran, y que c) tenían la fuerza para lograrlo (Visión). Luego se llenaron de valor (Fuerza de placer y dolor) y persistieron en su empeño hasta que encontraron la forma en que les funcionara (Acción). Estos son los hombres y mujeres a los que tú y yo llamamos héroes.
En la actualidad, muchas personas parecen avergonzarse ante la simple idea de convertirse en héroes evitando quizá la responsabilidad que entrañaría eso. Además, ¿Acaso no son egoístas tales aspiraciones? Ya que en nuestra cultura, si alguien sobresale mucho, lo primero que hacemos es tratar de minimizarlo. Además, pensamos que eso requiere de ser perfecto y nadie es perfecto. Hoy en día vivimos en una sociedad en la que no solamente pasamos por alto a los héroes potenciales, sino que incluso denigramos a los que tenemos, buscándoles o inventándoles algún defecto para burlarnos. Irónicamente, nuestra misma sociedad premia a los sobresalientes en talento, deportes, arte, cultura, negocios, ciencia y en ayuda comunitaria.
¿Quién es un héroe?
- Un héroe es una persona que contribuye valerosamente, incluso bajo las circunstancias más difíciles. Quien vive de acuerdo con la verdad de sus propias convicciones
- Es un individuo que actúa desprendidamente y que se exige a sí mismo más de lo que esperarían los demás. Se mueve más allá del “sentido común”; de los “realistas” diría yo.
- Es un hombre o una mujer que desafía la adversidad haciendo lo que él o ella cree correcto, a pesar de su temor.
- Un héroe es cualquiera que esté dispuesto a ser un ejemplo y tener como objetivo el contribuir.
- Un héroe es aquel que desarrolla estrategias para asegurar su resultado, y persiste hasta que se convierta en realidad, cambiando su aproximación cuantas veces sea necesario, y comprendiendo la importancia que tienen sus acciones.
- Un héroe no es alguien que sea “perfecto”, porque ninguno de nosotros lo es. Todos cometemos errores, pero eso no invalida las contribuciones que hacemos en el transcurso de nuestra vida. La perfección no es heroísmo; la humanidad sí lo es.
Experiencias que forjan el espíritu
Un héroe puede ser cualquiera. Tú y yo tenemos la capacidad innata de ser héroes, de dar pasos valerosos, atrevidos y nobles tendientes a mejorar la calidad de vida de nuestros semejantes. Hay muchas formas sencillas para hacerlo. No hace falta salir a la calle y salvar una vida o convertirte en un superhéroe de los cuentos con poderes mágicos, pero quizá lograr que otro sonría, significa un poco salvarle la vida o al menos hacerle disfrutar de la que ya tiene. Ayudar en la administración de un orfanatorio, ayudarle a alguien a leer o escribir, dar pláticas sobre drogadicción en las escuelas, visitar ancianos de tu comunidad o simplemente llenar de optimismo a los seres que te rodean.
¿Por qué hay tantas personas temerosas de dar esos pequeños pasos para contribuir con los demás? Una de las razones más habituales es porque se sienten en una situación embarazosa al hacer algo de lo no están muy seguras. Temen ser rechazadas o parecer estúpidas. Pero ¿sabes que? Si quieres participar en el juego de vivir intensamente y ganar, vas a tener que jugártela “a todas por todas”. Tienes que estar dispuesto a sentirte estúpido y a intentar cosas que puede que no funcionen y si no funcionan, estar dispuesto a cambiar la forma de abordarlas. De otro modo, ¿Cómo puedes innovar? ¿Cómo puedes crecer, trascender y principalmente descubrir quién eres realmente?
Quise dedicar este escrito, porque para poder crecer al máximoy encontrar la verdadera realización personal, es esencial contribuir con los demás. Sabes, la vida es un equilibrio entre dar y recibir, entre ocuparse de uno mismo y de los demás. Aquellos que más crecen en su vida, financieramente, físicamente, emocional, intelectual, social y espiritualmente son los que aportan parte de su tiempo, talento y habilidad al servicio de sus semejantes.
¿Cuándo empezar?
Probablemente me digas, que algún día, cuando resuelvas tus propios problemas y asuntos, entonces tendrás el tiempo para ver asuntos de otras personas. Sabes, la creencia más estúpida que abrigamos todos nosotros es la falacia de que sólo un acto sobrehumano, milagroso o de “suerte” tiene el poder para darle la vuelta a nuestros problemas. Nada podría estar más lejos de la realidad. El éxito o el fracaso de tu vida está determinado más bien por las decisiones que tomas y las acciones que emprendas cada día.El pensar de no tener tiempo para contribuir o para los demás, es estar atrapado en esta falsa creencia que te lleva al efecto víctima, del cual ya he tratado en otros artículos. Por lo general, las personas más ocupadas son las que más ayudan y contribuyen. No son egoístas y se enfocan más en dar que en recibir. No tienen tiempo para pensar en “actos sobrehumanos” y por lo tanto emprenden acciones que los lleva a lograr sus propios resultados.
¿Quieres una vida especial y de pleno crecimiento? ¿Quieres que tus sueños se conviertan en realidad? ¿Quieres aumentar tus ingresos? ¿Quieres tal vez casarte? ¿Tener más verdaderos amigos? ¿Una familia más unida? ¿Aprender algo especial este año? ¿Terminar una carrera, maestría o curso en particular? ¿Tener más hijos? ….. ¿Tal vez, ser más feliz?…… Bueno, la receta es muy sencilla, contribuye. Da sin esperar recibir nada a cambio. Ojalá y hubiera cientos de Anas Jaramillo en nuestro país. México sería otro con mayor optimismo, confianza y amor entre nuestros semejantes.
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Nada puede dar mayor sentido a la satisfacción que la contribución. Dar desinteresadamente sienta los cimientos para la realización |
Si le deseas ayudar
Por cierto, si deseas contribuir económicamente con la Hermana Jaramillo la cuenta para aportaciones es; Banorte número 157-035339 a nombre de Casa Simón de Betania, A.C. Lo que les puedas aportar, será muy bien utilizado ya que están muy necesitadas con tantos enfermos que atienden todos los días. Ahí las necesidades son muy grandes y nunca terminan, ya que mientras tú y yo estamos aquí leyendo esto, ellas están en este momento, atendiendo y dando afecto a un moribundo o como dice ella “despidiendo a un ángel del Señor que esta por regresar a casa”. Al llamar para pedirle su autorización para publicar su historia, me dijo que también recibe ayudantes temporales, eso es, voluntarios que deseen participar algunas horas al mes haciendo alguna labor. (Contabilidad/ enfermería/ organización de eventos/ etc.) El domicilio si lo desean es; Derecho de Huelga 9260 Col. Gloria Mendiola Monterrey, N.L. y el teléfono es (81) 8391-2530
Para terminar, sólo me queda decirte que estos días pueden ser muy especiales sí así te lo propones. Confía en tu intuición y entrega el corazón; te sorprenderás de todos los milagros que pueden producirse. ¡Ah! Y no trates de ser perfecto. Limítate a ser un excelente ejemplo de ser humano.
Arroja tu estrella de mar….
Luis Jorge Martínez
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Septiembre 7th, 2010 at 1:13 am
Estimado Jorge: Tengo el gran privilegio de conocer a la Hermana ANA JARAMILLO, y verdaderamente tus palabras -que son muy precisas- se quedan extremadamente pequeñas cuando uno es fiel testigo de la misericordiosa labor que desempeña la Hermana Ana y su gente… sin duda es una Extraordinaria mujer Mexicana que merece todo nuestro respeto y admiración, y porqué no decirlo, también toda la ayuda que podamos brindarle, ya sea económica o en especie. Su labor no tiene miras sociales pues igual trata al más pobre de los pobres como al más rico de los ricos (y mira que ejemplos han existido)… Dios la Bendiga a esta Mujer Maravillosa. José Canales.