Empieza el año, empieza una década y empecé, gracias a Dios, con el pie derecho impartiendo para un grupo en Chihuahua el seminario más especial de todos “Enfocando a la Excelencia”, por cierto les mando un afectuoso saludo a todos mis amigos de Jidosha por allá, hay que taparse porque el frío esta duro, incluso las brasas estuvieron bien frías, pero a pesar de todo salió padrísimo. Luego realice un evento de “MI5” (que es como una junta-taller para introducir el proceso de
innovación y mejora continua a las empresas basado en la Psicoingeniería) Esto fue para más de 100 personas, la mayoría jóvenes entusiastas, que trabajan en Chemisette Monterrey en donde participaron mucho obteniendo excelentes ideas, y en ambos eventos, como siempre trato, aprendí mucho.
De cada experiencia que usted haga diferente, aprenderá algo que lo hará crecer y valorar lo más preciado que tenemos, algo que llamamos “vida”.
Una forma de enfocar
Una de las creencias que más he desarrollado y que me han ayudado a aprender de todas mi experiencias en la vida, ha sido la idea de que no hay malas experiencias, sin importar aquello por lo que tenga que pasar, tanto si se trata de una experiencia desafiante como agradable. Cada experiencia me proporciona algo de valor siempre y cuando yo lo busque. Si de una experiencia extraigo una idea o una singularidad, eso ya me hace crecer.
Durante el seminario en Chihuahua, platiqué sobre como a veces las cosas que nos suceden, incluso hasta la muerte, es por algo perfectamente perfecto. Les narre una de mis experiencias, cuando comenté el mismo tema en un seminario de Emineus, de esos que realizo muy de vez en cuando con directores y empresarios en los rápidos de San Luis y de cómo un joven empresario, se había molestado mucho conmigo cuando escuchó lo que dije, él había perdido hacia tiempo a su hija, una pequeñita de 2 años, pero nadie de los presentes sabia. Yo en aquel entonces por respeto me calle. Días después –ya que ese evento dura 4 días – casi al final, el joven empresario empezó a pedirnos una cooperación económica a todos los participantes como apoyo a una obra que él y su esposa estaban realizando en beneficio a unas religiosas y su orfanato. Los niños huérfanos estaban necesitados de diversos equipos para su escuela, entre ellos computadoras. Se le veía en su misión con tanto entusiasmo, animándonos a darle una suma grande de dinero que le pregunte muy en serio, que si él y su esposa se habían involucrado en ese grupo antes o después de la muerte de su hija. Se quedó muy serio viéndome a los ojos, luego de cómo pensar por un momento me dijo; después. Le comente que me llamaba mucho la atención de su gran entusiasmo y ganas de ayudar, fue entonces que le dije; “Alégrate, tuviste un verdadero ángel en tus manos”. Me abrazo muy fuerte y se puso a llorar y llorar encontrándole sentido a muchas cosas que le pasaban.
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